Cuando hablamos de sexualidad, solemos pensar en conocimientos sobre nuestro cuerpo, el deseo, el placer o las relaciones. Pero ¿qué pasa con lo que realmente sentimos? ¿Qué sucede cuando sabemos muchas cosas sobre sexualidad, pero nos cuesta conectar con nuestras propias sensaciones?
La educación sexual somática nos invita a explorar precisamente esa parte de nuestra experiencia: la que no solo se comprende con la mente, sino que también se vive desde el cuerpo.
¿Qué significa “somático”?
Somático, para mí, es cualquier relación que tenga que ver con el cuerpo, no solo lo anatómico, sino lo que sientes por dentro cuando algo te toca, te asusta, te excita o te cierra.
Trabajar de forma somática se trata de tomar como punto de partida la sensación del cuerpo antes que la idea de la mente. Es preguntarme: ¿Qué siento cuando esto pasa?
Se trata de otro punto de entrada para comprender lo que nos pasa…uno que la mayoría de las personas dejamos de usar hace mucho tiempo.
¿Qué diferencia a la educación sexual somática de una educación basada solo en información?
La educación sexual suele centrarse en transmitir información sobre anatomía, reproducción, anticoncepción, infecciones de transmisión sexual, consentimiento y relaciones. Todos estos conocimientos son fundamentales y son parte de nuestro derecho a una educación sexual integral.
Sin embargo, podemos conocer perfectamente cómo funciona nuestro cuerpo y aún así experimentar dificultades para reconocer nuestras sensaciones, expresar nuestros deseos o disfrutar del contacto físico.
La educación sexual somática se va un poco más por la pregunta: ¿qué puedes sentir, permitir y habitar?
La diferencia no es de contenido, sino del lugar desde donde aprendemos. Una vive en procesos de la mente. La otra vive en el cuerpo y, desde ahí, a veces, también informa a la mente, pero sintiendo distinto.
No se trata de reemplazar los conocimientos sobre sexualidad, sino de complementarlos con la experiencia de lo que sucede en nuestro cuerpo.
¿Por qué importa involucrar al cuerpo?
En el cuerpo se manifiesta mucho de lo que bloquea el deseo en forma de tensión, vergüenza, desconexión, entumecimiento o algo en el placer que se aprendió a apagar sin que nadie lo decidiera conscientemente.
Ninguna de esas cosas se resuelve solo pensando en ellas, o muchas veces no del todo.
El cuerpo guarda muchas cosas que la mente no logra procesar. Aprender a reconocer y regular nuestras respuestas corporales puede influir en cómo te relacionas fuera de la cama: cómo pones límites, cómo recibes y cómo logras mantenerte presente cuando algo se vuelve incómodo, en lugar de desconectarte.”
Renata Roqueni
Así, la educación sexual somática no solo propone explorar el placer, sino también reconocer nuestras necesidades y aprender a escuchar las señales que nos da nuestro cuerpo en distintas situaciones de la vida.
¿Cómo se puede aprender el enfoque somático?
Se aprende con algo que puede sonar fácil, pero cuesta… ¡Haciendo espacio para ir lento!
Respiración, movimiento, atención a la sensación, espacio para lo que existe debajo de la alfombra.
Se trata de una capacidad que se construye, como cualquier otro caminito: con repetición, con seguridad y con alguien que sepa sostener el proceso o con una comunidad que te acompañe a integrar hábitos diferentes a tu vida.
No se trata de hacerlo perfecto ni de obligarnos a sentir algo en particular. El enfoque somático se trata de darnos tiempo para explorar nuestras sensaciones, reconocer nuestros límites y descubrir nuevas maneras de relacionarnos con el placer.
Porque conocer nuestro cuerpo no es solamente saber cómo funciona, sino también aprender a escucharlo.