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BDSM…¿Es lo tuyo?

El BDSM es un tema que genera mucha curiosidad, y también muchos mitos. Desde que “50 sombras de Grey» fue un fenómeno editorial, más personas comenzaron a interesarse por estas prácticas… pero también a confundirse. ¿Es una moda pasajera? ¿Es algo peligroso? ¿Es solo para personas “atrevidas”? ¿Está mal sentir deseo por ese tipo de prácticas?

La realidad es que las prácticas de BDSM como expresión de la sexualidad han existido desde siempre, solo que con otros nombres o dentro de dinámicas más silenciosas. Para Ríos et al. (2019) el BDSM, como movimiento, se gestó a mediados del siglo pasado1. Lo que sí cambió en los últimos años es que empezamos a hablar más abiertamente de estas formas alternativas de vivir la sexualidad. Y eso es algo valioso. Porque cuando podemos hablar del deseo sin vergüenza, también podemos cuidarnos mejor, conocernos más, y vivir una sexualidad más plena.

Pero… ¿Qué es exactamente el BDSM? 

Para Mota y Oliveira (2014)2 el acrónimo BDSM, se refiere a Bondage, Disciplina, Dominación y Sumisión, y Sadomasoquismo, es decir, diferentes prácticas dadas en un contexto mayoritariamente sexual en las cuales:

  • Bondage y Disciplina: implican restricción física y/o representaciones de dinámicas de poder.
  • Dominación y Sumisión: incluye diversas conductas sexuales que implican un intercambio de poder consensuado entre las parejas.
  • Sadismo y Masoquismo: conductas y actividades sexuales que incluyen experiencias sensoriales, con dolor o la amenaza de dolor físico o psicológico.

Se trata de un conjunto de prácticas eróticas en las que hay juegos de poder, control, dolor consensuado o entrega, dependiendo del deseo de cada persona o pareja. Algunas personas lo viven como un estilo de vida, con roles claros en su día a día (por ejemplo, relaciones de dominación y sumisión 24/7). Otras simplemente lo incorporan en su vida sexual como una forma de salir de la rutina: jugar o explorar. No hay una única forma de hacerlo ni un perfil específico de quien lo practica.

En este punto suele surgir otra pregunta muy común: ¿Qué diferencia existe entre el BDSM, un fetiche u otras expresiones de comportamiento sexual? Y es una evidente pregunta porque muchas veces usamos estas palabras como si fueran lo mismo, pero no lo son.

Un fetiche se refiere a una excitación intensa asociada a un objeto, una parte del cuerpo o un material específico. A veces el concepto se extiende hasta una situación muy concreta. Por ejemplo, el látex, los pies, el cuero, los tacones… Mientras ese fetiche no limite la experiencia sexual, no es un problema. 

Una categoría más amplia de expresiones involucra conductas sexuales más elaboradas que se alejan de lo convencional, entre las cuales se incluyen prácticas asociadas al BDSM y que en sexología llamamos expresiones comportamentales de la sexualidad. Algunas conocidas son el voyeurismo (excitarse viendo a otras personas sin que lo sepan) o el exhibicionismo (mostrar los genitales o el acto sexual en público). 

Si bien es completamente normal tener fetiches o preferir algunas conductas más que otras, en ambos casos, cuando se convierten en la única vía posible para disfrutar, pueden empobrecer la vida sexual y generar malestar. Por ello, es importante dejar claro que se considera que hay un trastorno cuando la conducta causa malestar intenso, altera significativamente otras áreas de la vida o implica dañar a otra persona, especialmente si no hay consentimiento.

Entonces, ¿qué busca una persona cuando practica BDSM? La respuesta es tan variada como los deseos humanos. Algunas personas sienten placer por el dolor físico. Otras, en la humillación simbólica. Otras en el poder, en tener el control sobre alguien o entregarse por completo a otra persona. A veces es una sola de estas prácticas y en otras, se combinan.

Ahora bien, no todo el mundo que se interesa por el BDSM quiere experimentarlo de modo muy extremo. En muchos casos la fantasía es suficiente. La mente humana es muy poderosa, y muchas personas encuentran placer solo con imaginar ciertas escenas. Un ejemplo muy común es la fantasía de situaciones de dominación o forzadas. Esto no significa que la persona quiera vivir una situación de abuso sexual real o que quiera recrearla en la práctica, sino que encuentra excitación en imaginar una entrega total, en jugar con el límite.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU)4 define el abuso sexual como: la intrusión física de naturaleza sexual, sea actual o en grado de tentativa, ya sea por la fuerza o en condiciones desiguales o coercitivas. Por eso en las prácticas sexuales como BDSM es tan importante la manifestación continua del consentimiento, el cuidado de la seguridad y la salud tanto física como mental. Cualquier precaución en este sentido nunca será excesiva. 

Sólo desde ese espacio seguro, donde saber que lo que imaginamos es solo una fantasía y se tiene la posibilidad de jugar con eso, de forma segura y simbólica, es parte de una sexualidad saludable.

¿Y si además de fantasear surge el deseo de experimentar un poco más?  

Pues también es otra opción. Se puede comenzar de a poco. Con juegos de roles, esposas de juguete, palabras clave o escenas donde deciden quién toma el control. Lo ideal es hacerlo con una pareja de confianza, en un entorno seguro, conversando antes sobre qué se desea, qué no y cómo cuidarse mutuamente. Existen incluso talleres, comunidades y clubes donde es posible aprender y explorar estas prácticas de forma protegida y guiada.

Porque sí: el BDSM puede implicar una mayor vulnerabilidad, ya que muchas de sus prácticas se basan en una asimetría de poder y, por eso mismo, es necesario ser doblemente cuidadosos. No porque las personas que lo practican sean peligrosas, sino porque compartir la intimidad ya nos expone… y cuando hay juegos de poder, esa exposición crece. 

Por eso el consenso, la confianza y los límites claros no son un detalle: son el corazón de toda experiencia BDSM.

En resumen: no hay nada de malo en tener deseos no convencionales. El BDSM, bien practicado, no es peligroso ni enfermizo. Es una forma distinta y válida de habitar el deseo, con responsabilidad, comunicación y cuidado mutuo, siendo conscientes de nuestros límites y los de con quienes compartimos. Porque, sobre todo, nadie tiene por qué vivir su sexualidad desde el silencio o la vergüenza.

*Fuentes:

  1. Ríos, V., Amundaray, A., & Arenas, Y. (2019). Vivencias de las prácticas sexuales asociadas al BDSM: los límites contemplados dentro de lo Sano, Seguro y ConsensuadoCiência & Saúde Coletiva24(5), 1679-1688. ↩︎
  2.  Mota,A. Oliveira, A. (2014) Repensar el BDSM más allá del dolor, sadomasoquismo y derechos sexuales. Revista Iberoamericana de Salud y Ciudadania, Vol III.  ↩︎
  3. Ríos, V., Amundaray, A., & Arenas, Y. (2019). Vivencias de las prácticas sexuales asociadas al BDSM: los límites contemplados dentro de lo Sano, Seguro y ConsensuadoCiência & Saúde Coletiva24(5), 1679-1688. ↩︎
  4. Organización de las Naciones Unidas (ONU). Preguntas frecuentes sobre el Trabajo de la defensora de los derechos y las víctimas y las oficiales superiores de los derechos de las víctimas. ↩︎
Escrito por
Maricelis Guedez Granadillo

🇧🇷 Venezolana con residencia en Brasil. Psicóloga mención clínica. Posee formaciones en sexología, psicodrama y otras psicoterapias. Actualmente se dedica a la consulta privada modalidad online.

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