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Mi primera vez en un cine porno

Por Arnoldo Delgadillo

“Cinema Micro 2011” se lee en un pequeño anuncio luminoso a las afueras de lo que podría ser una casa o incluso un local como cualquier otro.

Este lugar se localiza en la calle Aldama esquina con Venustiano Carranza, en la ciudad de Colima, al otro lado de las oficinas de la CTM y a solo unas cuadras de la Secretaría de la Juventud.

Y aunque su registro ante las autoridades es como una sala de cine convencional, en realidad una sala de proyección de películas para adultos y espacio clandestino de encuentros sexuales.

Al entrar hay un pequeño recibidor, un par de muebles y un cuarto con una ventanilla, ahí se pagan 30 pesos, el costo para entrar a la sala.

Quienes lo atienden son una pareja de ancianos de aproximadamente 70 años, son los dueños y muy amablemente te dan la bienvenida.

Unas cortinas rojas, que color tan más apropiado, al final de unas escaleras son las que te indican que has llegado ‘al lugar’.

Paredes desgastadas enmarcan la habitación, hay hileras de butacas viejas y huecos entre ellas que indican que tienen tiempo sin recibir mantenimiento.

Al frente está una pequeña pantalla, nada parecida a las dimensiones de las pantallas gigantes de los cines comerciales, ahí se proyecta una película pornográfica de corte heterosexual.

Entre la oscuridad que reina comienzo a distinguir siluetas, todas de hombres, todos mayores de 30 años.

Los sonidos se van clarificando al llegar a mis oídos, succiones, cierres que bajan o suben, cintos que son abrochados o desabrochados.

Las imágenes entonces también se clarifican: en la fila de adelante hay dos hombres de más de 50 años, hincado está un joven realizándoles sexo oral; en la fila donde estoy sentado otras dos personas se auto erotizan; en la parte de atrás, un individuo toca a otro.

La oscuridad es su mejor aliado. En momentos son solo sombras. Nadie en ese cine veía la película.

Mi presencia turba la dinámica, algunas personas se van de pronto, la mayoría se levanta y se concentra en la parte de atrás del lugar; después de un tiempo me levantó yo también, los sigo.

Al caminar entre ellos descubro el código del lugar: si al pasar una persona levanta la mano para tocarte es una invitación, si tú lo permites o respondes estás aceptando, si quieres rechazarlo solamente tienes que bajar su mano.

Después vendrá el irse a un rincón o a las primeras filas o a otro lugar, la pregunta “¿tienes dónde?” marca la salida furtiva del cine de los amantes clandestinos.

En el ambiente todo es un vaivén de miradas, de invitaciones a la pasión.

Un chico universitario llega, su nombre es Alberto, su edad 19 años, – No frecuento mucho estos lugares – me dice con una sonrisa nerviosa.

A unos metros de donde platico con él se realiza un trío, los pantalones a los tobillos, dos hombres arrodillados, el rostro de placer del tercero, las miradas curiosas de los demás. Me acercó y no se turban. Me da la impresión de que arrecian sus caricias.

Cuando regreso Alberto ya está ocupado, un hombre de 54 años le realiza sexo oral; después el joven se va de la sala, apresurado, con 50 pesos en la bolsa, y quizá algo de satisfacción.

“Hoy hay poca actividad – me comenta el hombre que se limpia de la boca residuos blanquecinos – los viernes y sábados es cuando viene más gente, hoy está muy solo, hacen falta mujeres” – remata.

De acuerdo a la página web Directorio Colima, el Sindicato de Cinematografistas tiene clasificado a este lugar como de “exhibición de películas y otros materiales”.

Por su parte el Reglamento que regula el funcionamiento de los centro de video en el municipio de Colima en su artículo 20fracción V establece que:

“Queda prohibida la proyección pública de cintas conteniendo videogramas con clasificación para adultos, tanto en establecimientos comerciales como en edificios particulares”.

Cuando salgo del lugar me percato de que en el recibidor hay un pizarrón con algunos avisos pegados, hay una portada de una película para adultos, un papel escrito a mano que indica que los lunes se cambian las películas que son proyectadas y uno más que sentencia:

“Prohibido hacer cosas obsenas (sic) o se dara (sic) parte a las autoridades”.

*Crónica redactada en 2012, en mi primera (y única) visita al cine porno de Colima

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